El Valor de la mujer

No pude averiguar el autor.

Cuenta la leyenda que al principio del mundo,
cuando Dios decidió crear a la mujer,
encontró que había agotado todos los materiales
sólidos en el hombre y no tenía más de que disponer.
Ante este dilema y después de profunda meditación, hizo esto:

Tomo la redondez de la luna; las suaves curvas de las olas,
la tierna adhesión de la enredadera,
el trémulo movimiento de las hojas,
la esbeltez de la palmera,
el tinte delicado de las flores,
la amorosa mirada del ciervo,
la alegría del sol, y las gotas del llanto de las nubes,
la inconstancia del viento y la fidelidad del perro,
la timidez de la tórtola y la vanidad del pavorreal,
la suavidad de la pluma de un cisne y la dureza del diamante,
la dulzura de la paloma y la crueldad del tigre,
el ardor del fuego y la frialdad de la nieve.
Mezclo tan desiguales ingredientes, formo a la mujer y se la dio al hombre.

Después de una semana, vino el hombre y le dijo:
Señor, la criatura que me diste me hace desdichado,
quiere toda mi atención, nunca me deja solo,
charla incesantemente, llora sin motivo,
parece que se divierte al hacerme sufrir y vengo a devolvértela porque no puedo vivir con ella!

Bien, contesto Dios y tomo a la mujer.

Paso otra semana, volvió el hombre y le dijo:
Señor, me encuentro muy solo desde que te devolví
a la criatura que hiciste para mi;
ella cantaba y jugaba a mi lado,
me miraba con ternura y su mirada era una caricia,
reía y su risa era música,
era hermosa a la vista y suave al contacto.
Me cuidaba y protegía cuando lo necesitaba,
me daba dulzura, ternura,
comprensión y amor sin condiciones,
por favor Dios, devuélvemela,
porque no puedo vivir sin ella!

Ya veo, dijo Dios, ahora valoras sus cualidades,
eso me alegra mucho, claro que puedes tenerla de nuevo,
fue creada para ti, pero no olvides cuidarla,
amarla, respetarla y protegerla,
porque de no hacerlo,
corres el riesgo de quedarte de nuevo sin ella.

El Valor de la mujer

Versos sobre una mujer

por Sotelino

 

No me digáis que al viento
decirle pudiera una palabra

pues le diría en un verso

parte del poema que os ama.

Vos, ser virtuoso de belleza,
vos, divina esencia de mujer;
así como puede embargarme la pena
pudiera el amor embriagarme también.

Decir al aire vuestro nombre
es revelar el sobrenombre de un ángel;
cuando a las nubes llega el eco
alguien se pregunta en el cielo:
¿ quién allá, como yo, hace en llamarse?

No es que ruegue vuestro amor,
no es que el tigre sea manso…
es que los ojos al veros
detiénense obnubilados.

Vuestro porte majestuoso y elato,
vuestra figura elegante y hermosa
danzando en mis pupilas trémulas
pues es fascinación la que me embota.

No vi yo en la tierra un ser,
que la sirena la llamase hermana;
que un hada le fuese fiel
o a una flor estuviese emparentada…
y sin embargo a sus pies
fue entonces que yo me reverenciaba.

¡ Oh! aparición, milagro y sueño;
creeré en fantasmas y en Dios
y, toda vez, estaré durmiendo.

A toda lectora y/o visitante casual de esta página! Feliz Día de la mujer.

Versos sobre una mujer