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Hormigas Culonas

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Hormigas Culonas

Hace rato que no disfrutaba de este manjar tan particular de Santander, y hace poco se volvió a dar la oportunidad. Las hormigas culonas tienen ese efecto curioso: despiertan sorpresa, algo de desconfianza al principio y, después del primer bocado, una sonrisa. Crujientes, tostadas y con ese sabor que muchos comparan con el maní, siguen siendo para mí uno de esos sabores que automáticamente te conectan con la región.

Recuerdo que hace años alguien comentó que incluso se comen con arequipe. Todavía me suena extraño —pero ya sabemos cómo es esto— para gustos, no hay disgustos.

Un alimento con siglos de historia

La hormiga culona no es solo una curiosidad gastronómica. Su consumo se remonta a tiempos prehispánicos, cuando los indígenas guanes ya las recolectaban y tostaban como parte de su dieta. No era algo improvisado: cuidaban los hormigueros durante todo el año para asegurar la cosecha en la temporada de lluvias.

Más que alimento, tenían un fuerte simbolismo. Se asociaban con la fertilidad y la abundancia, y por eso existe la creencia popular de que tenían propiedades afrodisíacas. De ahí viene, en parte, la fama que todavía las acompaña.

No cualquier hormiga es “culona”

Lo que se consume no son hormigas comunes, sino las reinas jóvenes. Estas salen del hormiguero durante la temporada de lluvias, normalmente entre marzo y mayo, coincidiendo muchas veces con Semana Santa. Es el momento del llamado vuelo nupcial.

Tras aparearse, las reinas caen al suelo, se desprenden de sus alas y buscan un lugar para fundar un nuevo hormiguero. Es justo en ese instante cuando son recolectadas. Su abdomen grande —de ahí el nombre— es lo que las hace tan apreciadas.

Preparación tradicional

El proceso es completamente artesanal y se ha mantenido casi intacto por generaciones:

  • Se les retiran las alas, patas y cabeza.
  • Se lavan y se dejan en salmuera.
  • Se tuestan lentamente en pailas, sin aceite, aprovechando su propia grasa natural.

El resultado es un snack crujiente, con un sabor tostado muy particular, ideal para comer así solas, acompañadas de una bebida fría.

Aunque tradicionalmente se han comido como pasabocas, hoy las hormigas culonas también hacen parte de propuestas de alta cocina. Se usan en salsas, mantequillas saborizadas, risottos e incluso postres cubiertos de chocolate.

Esto las ha convertido en un producto muy valorado, tanto a nivel nacional como internacional. En temporada ya son costosas; fuera de ella, se consideran casi un lujo.

Identidad santandereana

La hormiga culona es, sin exagerar, un símbolo de Santander. Aparece en esculturas, artesanías y monumentos, y es una parada obligatoria para cualquiera que visite la región. Comerlas es casi un rito: superar la impresión inicial y descubrir que, detrás de lo exótico, hay historia, tradición y mucho sabor.

Volver a probarlas después de tantos años fue como reencontrarme con un pedazo de esa identidad. Y sí, siguen siendo simplemente deliciosas.

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