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Película: Agua – Water (2005)

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Dirección y guión: Deepa Mehta.
Países: Canadá e India.
Año: 2005.
Duración: 115 min.
Género: Drama.
Interpretación: Seema Biswas (Shakuntula), Lisa Ray (Kalyani), John Abraham (Narayan), Sarala (Chuyia), Manorma (Madhumati), Waheeda Rehman (Bhagwati), Kulbushan Kharbanda (Sadananda), Raghuvir Yadav (Gulabi), Vinay Pathak (Rabindra), Ronica Sajnani (Kunti).
Producción: David Hamilton.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Giles Nuttgens.
Montaje: Colin Monie.
Diseño de producción: Dilip Mehta.
Dirección artística: Sumant Jayakrishnan.
Vestuario: Dolly Ahluwallia.
Estreno en Canadá: 4 Noviembre 2005.

Sinopsys: La historia transcurre en 1938, en la India colonial, en pleno movimiento de emancipación liderado por Mahatma Gandhi. Según las creencias hindúes, cuando una mujer se casa, se convierte en la mitad del hombre. Por lo tanto, si él muere, se considera que la mitad de la esposa ha muerto. Los libros sagrados dicen que una viuda tiene tres opciones: Casarse con el hermano más joven de su marido, arder con su marido o llevar una vida de total abnegación. Se celebra una boda que bien podría ser un entierro: casan a Chuyia (Sarala), una niña de 8 años, con un moribundo que fallece esa misma noche. Se quema su cuerpo en la orilla de un río sagrado y Chuyia se prepara para el destino que han escogido para ella. Se le afeita la cabeza e ingresa en un “ashram” para viudas donde deberá pasar el resto de su vida. El agua es una constante en la película, no sólo como metáfora, si-no también como instrumento. A la orilla del río, Kalyani (Lisa Ray) conoce a Narayan (John Abraham), un joven idealista seguidor de Gandhi, hijo de brahmanes, la casta social más alta de la India. Estudia derecho, está entusiasmado con la revolución social pregonada por Gandhi y más que dispuesto a rechazar los límites impuestos por una tradición secular. Con Chuyia actuando como mensajera, su imposible relación empieza a florecer.

Mi opinión: A pesar que el drama no es un género que me apasione, de vez en cuando tengo el animo de aventurarme en él y debo decir que esta vez lo disfruté. Llegué a esta película desconocida hasta hace unos días para mi gracias a una conversación con una amiga donde surgió como tema el país India y la forma como allá tratan a las mujeres y gracias a otras referencias cercanas, amigos indios que recientemente se casaron,  la ignorancia mía sobre la cultura india y la recomendación de mi amiga se generó en mi la suficiente curiosidad para verla. En primer lugar tengo que hablar de la fotografía y la música, a pesar de ser una película un poco lenta, esto no tuvo el menor impacto en mi impresión debido a lo cuidado y hermoso de la fotografía, lo adecuado de la música y también, a la forma como esta estructurado el guión para enviar el mensaje a los espectadores – la difícil vida de las viudas de acuerdo a la interpretación acomodada de los libros sagrados del hinduismo.  La carga emocional de la película la lleva una niña de 8 años (Chuyia) fabulosamente interpretada por Sarala, el hecho que sea una niña que no alcanza a comprender la situación en la que está genera un impacto emocional e involucra al espectador hasta el final. Por otra parte esta Shakuntula (Seema Biswas) quien expresa la lucha interna por aceptar y/o entender la razón de su situación, la ambivalencia de seguir las escrituras sagradas aun en contra de su propio bienestar. Hay una conversación que para mi expresa en alguna medida esa ambivalencia y la cito en ingles:

Narayana: All the old traditions are dying out.
Kalyani: But what is good should not die out.
Narayana: And who will decide what is good and what is not?
Kalyani: You!

Por último la desigualdad económica y social claramente demostrada en la relación que se desarrolla entre la hermosa Kalyani y el idealista y adinerado Narayan, sumando al cúmulo de situaciones que adornan esta historia. Poéticos diálogos, un gusto estético al presentar las imágenes, la música e incluso los colores acompañan muy bien la historia y al final un mensaje y una crítica a la situación que aun hoy viven algunas viudas en India.